Ya era hora de desentumecer el esqueleto y el motor, que no es bueno que se queden demasiado tiempo en dique seco. El domingo 22 quedamos Jose Gangutia y yo para darnos una vuelta por su pueblo. Amadeo estaba en casa de Jose, así es que se vinieron ambos y los dos hijos de Jose para hacer de asistencia (y menos mal).
Hacía una tarde estupenda, con calor, poquito viento cerca del suelo sin una dirección definida y un campo un poco cuesta arriba para darle más emoción al despegue. Así me pasó, que sólo conseguí despegar a la tercera (y gracias...).
Ya habíamos quedado en irnos en dirección a Chinchón. No nos lo pensamos mucho y nos fuimos directos, porque las tardes todavía son cortas por muy bonito que se vea el día.
El viento de cola nos estuvo ayudando a ir, así es que en poco menos de media hora habíamos llegado.
Amadeo mientras tanto nos seguía por carretera, lo cual fué una suerte porque cuando pensábamos en volvernos Jose comenzó a decir que el motor no le tiraba bien.
Pero mientras preparaba el GPS para eso, a Jose se le paró el motor y se tuvo que ir a aterrizar. Para colmo dejamos de tener cobertura por radio, así es que cuando me quise dar la vuelta para ver como le iba, ni lo encontré ni pude hablar con él y opté por tirar derecho al aterrizaje.
En total hice una hora y cuarto de vuelo. Amadeo y Jose llegaron a los pocos minutos, recogimos mientras se hacía de noche y nos fuimos a casa de Jose a ver las fotos y a comentar la jugada.