No me extraña que las fiestas de alegría por la primavera se hayan conservado en el tiempo (desde la prehistoria hasta aquí) disfrazadas de una u otra forma. Y es que cuando el sol comienza a abrirse camino entre los días grises, el cuerpo pide festejarlo.
No había demasiada gente en la Muela, lo cual es de agradecer. Pero es que además hemos disfrutado de una tarde de restitución estupenda. Llegamos en el momento apropiado, un rato antes había estado fuerte, pero mientras nos preparamos hubo dos o tres ciclos variables y luego se quedó para salir tranquilo y tener un vuelo sin muchos meneos.
Al principio salí sin la cámara, pero pensé que merecía la pena sacar alguna foto y publicarla para ver si el resto os vais animando, así que aterricé, me calcé la cámara al cuello y fuera de nuevo.
Pero como todas las cosas buenas, se acaban cuando mejor lo estás pasando. Ya llevábamos unos 45 minutos, y justo mientras estaba echando unas fotos al canal comenzó a cambiar el viento, y si no me ando listo hubiera terminado aterrizando abajo. Aún así no llegué más que a media ladera (bastante en medio, añadiría) y luego me tocó darme un buen paseíto cuesta arriba para rematar la jornada.
Porque todavía en este tiempo, las restituciones no dan para mucho. Y cuando se acabó se acabó. Estuvimos todavía un ratillo esperando por si volvía a subir el viento, pero como vimos que la cosa no se animaba al final nos volvimos a casa, pero eso si: con el deber bien cumplido.