jueves, 12 de agosto de 2010

Escapada a Santa Pola


Salimos desde Alcorcón el sábado 24 de julio a las 6:00. A las 10:45 llegábamos a las proximidades de Alicante y estaba diluviando… que no cunda el pánico, estaba incluido en la previsión meteo, que estaría nublado y con lluvias en el interior hasta mediodía. Eso es buena señal, ¡se cumplen las previsiones!


Llegamos al despegue de Santa Pola a las 11:00. medio nublado pero a veces con sol. Nos damos un paseo por el despegue sin los equipos para que lo conozcan Pibe y Jose, observamos el viento; fuerte y un pelín cruzado de sur. La intensidad estaba al límite, pero volable. Nos vamos a por los equipos y el primero en tantear un preinflado es Jose, que se carga un cordino con las rocas… Pibe se equipa y a volar!!!!!!!!! Le sigue Jose y luego yo (que estaba zampando para coger fuerzas).



Estaba perfecto, toda la ladera de Santa Pola para los tres solitos, nublado sin nada de calor. A eso de las 12:30 llegó otro piloto, y tuve la desgracia de ver un accidente en la costa de un autogiro en vuelo rasante que se comió el agua, al día siguiente leí en la prensa que se mató. Pibe estuvo volando frente al lugar mientras hacían el rescate.


Aterrizamos a las 13:15 ya hacía calor y había despejado completamente. Nos fuimos a un bar a tomar unas buenas cervezas viendo las clasificaciones de la F1. Después comimos cerca del despegue y antes de las 16:15 estábamos volando de nuevo y solitos, salvo a cuenta gotas que se iban añadiendo pilotos, pero que no fueron muchos y las condiciones y extensión de la ladera nos dejaban seguir a nuestras anchas. Para divertirnos ingeniamos una pequeña carrera: colocar los equipos en el despegue, separarnos unos metros y a la de tres correr hacia ellos y equiparnos para salir (tipo Lemans), un recorrido por toda la ladera para volver al despegue, hacer “touch&go” y repetir la ladera para luego intentar aterrizar en primer lugar. Salio en primer lugar Pibe (haciendo trampas y sin ponerse una pernera que se equipo en vuelo), luego se equipo Jose que tenía más dificultad con su supersilla carenada, yo les dejé ventaja y quise salir el último, pero Jose falló el despegue y al final salio el último. En la primera vuelta Pibe me sacaba unos 50 metros, pasada la primera baliza y de vuelta al despegue le fui recortando y Jose conseguía remontar. Pero en el touch Pibe se equivocó perdiendo tiempo para coger altura y yo le pasé. La segunda y definitiva vuelta, me mantuve en cabeza pisando el acelerador a tope rascando el acantilado, Pibe me pisaba los talones y al llegar al aterrizaje, deje de pisar para coger unos metros de altura de seguridad para aterrizar y Pibe me adelanto por debajo! En la última curva!


Nos divertimos bastante, luego en un ciclo bajo Pibe la cagó y Jose y yo recogimos los trastos. Eran las 19:00, todo el p…. día volando!

Tardamos una hora en recoger a Pibe, pero no perdió tiempo en la espera; playa, chiringuito, música, chicas…

Nos tomamos una refrescante cerveza al atardecer al borde del mar y a las 21:00 de vuelta para Madrid. Llegamos a la 1:00. Vamos, que muchas tardes me he ido a la muela y he llegado a casa a esas horas y habiendo volado naymenos.

Habrá que repetirlo algún día. Ya hicimos una escapadita el año pasado Josele, Nuria y yo, volamos en un estrecho margen que nos dejó la meteo, pero acertamos de pleno.


Publicado por Antonio en nombre de Carlos. Fotos de Pibe.

lunes, 19 de julio de 2010

Vacaciones en Cantabria


Ya llevo unos años subiendo al norte a pasar unas pequeñas vacaciones huyendo del calor. Pero es el primer año que me llevo el parapente. Para la ocasión utilicé mi vieja Valluna “Michelin” con silla ligera sin paraca y casco de bicicleta… nada que ver con lo “megaequipados” que vi a los pilotos locales.


Dos días de vuelo; el primero en Peña Cabarga, una montaña piramidal de casi 600 metros frente a la Bahía de Santander. Vuelo orientación Norte. Se ve enfrente el aeropuerto y los aviones pasan paralelos al despegue unos 6 km más adelante, pero muy bajitos, ya que están en modo de aterrizaje. Subí con un piloto local, solo con el ánimo de estrenarme en un vuelo de “pabajo”, ya que el cielo estaba cubierto y el techo de la nube justo en el despegue. Se accede en coche cómodamente ya que la carretera acaba en un mirador con parking y un centro turístico con una cámara oscura para contemplar los alrededores. 15 grados de temperatura y yo en pantalón corto camiseta y chanclas, bueno como va a ser un vuelo sin pretensiones… pero nada mas despegar la nube nos “chupa” y nos aguantamos al nivel del despegue fueras hacia donde fueras. A los 15 minutos estaba congelado y empecé a barrenar para bajar, además Marisa y los niños me esperaban abajo en lo que yo creía un parking de un supermercado y resultó ser un puticlub (allí fue donde dejamos el coche del piloto local).

Segundo día de vuelo en la playa de Usgo. Si os metéis en la página web de www.parapentecantabria.com encontraréis más información de las zonas. Pero os resumo este singular sitio: Playa con forma de herradura con acantilado en todo su perímetro salvo la carretera que baja a la arena, un agujero donde apenas sientes la brisa que entra de NE (la buena para volar allí). Me explicaron por teléfono como coño se hacía para despegar desde la misma arena y enganchar la cadena de acantilados, pero si no lo hago no lo creo. En las fotos se ve la secuencia:







Inflar en la playa, controlar la vela y subir por el camino esquivando coches y transeúntes con mucho cuidado de no dejar caer la vela ni en los vehículos ni en la vegetación espinosa que bordea el camino, y cuando sientes sustentación te lanzas con 5 metros de altura pegadito a la pared hasta que remontas fuera de la playa y subes por los acantilados de unos 50 metros sobre el mar dónde ya la brisa entra limpia y remontas otros 50 en un paisaje precioso. 40 minutos de vuelo y otra vez pasé frío y me tuve que bajar!!!!!!!!!

Os pongo también un par de fotos de una de mis excursiones en bici por los alrededores de Somo.
Me metí en un bosque siguiendo la costa por un angosto camino y tuve que deshacer mis pasos al no poder abrirme paso entre la maleza y la arena (había zona de dunas en el bosque).















El año que viene, si se puede, repetimos!

(Publicado por Antonio en nombre de Carlos.)

viernes, 16 de julio de 2010

De térmica sorpresa


Pues hacía ya como un mes o más que no sacaba el trapo, y aprovechando que terminé de trabajar pronto le dí un toque a Pibe y nos acercamos por la muela. Vaya cambio que ha dado el paisaje en estas semanas. Ya está todo seco y se acabaron las condiciones suaves. Ahora lo normal es viento fuerte hasta última hora y térmicas de espanto ;)
Cuando llegamos todavía estaba el viento fuertecete, aunque ya eran las siete de la tarde. Pero no tardó mucho en bajar, lo suficiente para tener un ratito de cháchara y otro para prepararse. Serían las siete y media cuando salimos.

Al principio, lo habitual de esa hora, termoladera bastante tocha con burbujitas casuales. En una de las vueltas, me iba acordando de cuando me iba a girar térmicas (hace ya muchos años), de la sensación de perder la referencia del viento en la cara y sentir el tirón hacia arriba. De tener que pilotar la vela para que se mantenga sobre tu cabeza (y ya de paso en la térmica) y de estar atento a todo lo que sientes para poder anticiparte.
Pues lo curioso es que no pasaron ni 20 segundos del pensamiento y de pronto se disparó el último termicón del día. Justo las sensaciones que había estado recordando. No hay que decir que lo aproveché como pude, porque no llevaba vario, pero mientras tenía referencias me intentaba mantener en la térmica, y cuando las perdí por la altura me acerqué a otro parapente que también la había subido y estuvios girándola un ratito más. No sé la altura que pudimos coger sobre la Muela, pero no creo que fueran menos de 500. Los coches se veían pequeñitos pequeñitos, y los parapentes que se quedaron en la ladera parecían moscas de colores revolotenando.....

Ya llegó el momento en que la térmica se deshizo en burbujas y estaba todo muy revuelto. Me busqué una zona cómoda y me dejé llevar tranquilamente hacia abajo. El otro parapente creo que tomó el camino a Hita, y ya no lo volví a ver. Yo estuve disfrutando la bajada tranquilamente durante unos 8 o 9 minutos. Cerca de la Muela todavía había algo de actividad, pero ya no se subía de la misma forma, bueno, apenas se subía. Además como suele ser habitual, me entró mi típico mareo, y me fuí a aterrizar y a reponerme un poco. Aproveché para echar unas fotos, que ya sabéis que si vuelas y no hay documento gráfico es como si no volaras :D

Luego volví a salir, pero ya era una ladera de restitución, perfecta para relajarse y disfrutarla. Estuvimos allí hasta las nueve más o menos, hasta que la restitución se acabó, rehicimos el petate y nos volvimos, por mi parte cansado y contento.

jueves, 15 de julio de 2010

Caida libre, 6 de junio

Hace poco mas de un mes decidí que ya era hora de gastar el bono-regalo de un salto en caída libre que me habían regalado el año pasado. De quién sería la idea...
Así que, una calurosa mañana de principios de junio nos pusimos en marcha camino de un lugar de La Mancha de cuyo nombre prefiero no acordarme. Tras llegar al aeródromo y firmar los papeles en los que reconoces que toda la responsabilidad es tuya, tuvimos que esperar un par de horas hasta que nos tocase el turno. En ese intervalo de tiempo, a los que íbamos a saltar nos hicieron un briefing, que desde luego se ganó el nombre, porque nos explicaron las cosas muy rápido y muy brevemente. Lo poco que saqué de ese momento es que para saltar tienes que arquearte hacia atrás, poniendo la cabeza en el hombro del saltador y echando las piernas para atras, mientras mantienes las manos quietas en el arnés; y que recojas las piernas en el aterrizaje todo lo que puedas. Demasiado breve y corto para mi gusto. Cuando me tocó, me llevaron al angar a equiparme. El arnés es muy parecido al que tiene Carlos para el pasajero del biplaza, pero va infinitamente mas apretado, sobretodo en las ingles. Yo que vosotros chicos, me lo pensaba dos veces antes de ponerme eso. Yo creo que me vió tan grande el saltador, de hecho era mas alta que el saltador mas alto que era precisamente él, que se dijo a esta la arqueo yo la espalda. Para mi que se pasó apretándome el arnés, no podía juntar las piernas, y lo que era mas grave, no podía levantarlas correctamente, cosa muy importante para aterrizar. Como podéis ver el mono me quedaba ridículo.

Pues las pintas empeoraron con la chichonera y las gafas, pero creedme que es en lo último que estas pensando en ese momento. Nos subimos a la avioneta mas allá de las doce y media.

El viajecito en la avioneta fue algo para recordar. Ibamos amontonados como sardinas en lata, yo espatarrada por no poder juntar las piernas, en la avionetilla esa sin puerta. Lo que me preocupaba era que no me habían enganchado al saltador e iba sentada junto al hueco del fuselaje, y claro, dadas las horas que eran pillamos turbulencias. Imaginaros la escena, dando tumbos en la avioneta a mas de mil metros de altura, a menos de la longitud de un brazo del vacío sin nada donde agarrame ni estar enganchada a nada. Y encima clavándome el arnés...Eso si, la sonrisa nerviosa solo se me quitaba para ponerme mas blanca que un folio.

Fueron unos 20 minutos de subida, terribles, mezcla de nervios, tensión, espera e intentos de relajación. Ahora las vistas eran impresonantes. Disculpad la calidad de las fotos ya que son capturas de pantalla del video. Cuando llegamos a eso de los 3500 m de altura, andaba yo congelada por entonces.. ¿pero cómo tienen monos de manga corta?? ya se decidieron a engancharme al individuo. Entonces comprendí porque no me habían enganchado antes, porque te tienes que sentar encima suyo, y claro es mas importante que ellos vayan cómodos a que tu vayas seguro...Luego dicen del parapente...Y con todo, llegó la hora de la verdad. Hasta entonces iba intentando convencerme a mi misma de que no pasaba nada. Para aquellos que como yo sufren de vértigo, el momento en el que sacas los pies de la avioneta es inolvidable, es en ese momento cuando tienes que dejar de pensar y hacer lo que te han dicho como un autómata. Esos segundos en los que te quedas prácticamente suspendido en el vacío, mientras el saltador termina de colocarse para saltar, se hacen eternos.

Y entonces caes, la sensación de vacío golpéa todo tu cuerpo y sin darte cuenta, vas de cabeza hacia el suelo. Tu instinto animal por fín consigue saltarse las restricciones que le has ido poniendo y la descarga de adrenalina que provoca es brutal. No he vivido jamás nada similar. Se parece a, cuando te pegan un buen susto, la sensación que tienes durante hasta que el cerebro dice.. eh que no pasa nada; pero multiplicado por 100.000... y me quedo corta. Eso dura una fracción de segundo, luego te estabilizan la caida y viene lo mejor, cuando vas cayendo con un ruido atronador en los oidos, "flotando", la sensación es genial....

Lo malo es que dura muy poco, además el biplaza abre antes que nadie quiero pensar que por seguridad, pero me da a mi que es para que el cámara llegue antes a tierra y te pueda grabar el aterrizaje. Tiran de la anilla y se abre el paracaidas. Y lo que no te avisan, aunque te lo puedes imaginar, es el tirón tan brusco que pega. Mira que es desagradable. Y ojito con esto si tenéis problemas de espalda.

Una vez abierto el paracaídas, el resto del viaje no tiene ningun misterio para un parapentista. Es muy similar aunque la postura es infinitamente mas incómoda, y la maniobrabilidad del trapo es tremenda, bueno aunque mi opinión que sólo he manejado una vela de principiante no es que sea muy constrastada. La tasa de caída del cacharro es tremenda y cuando alcanzamos una altura en la que en parapente todavía te quedan unos cuantos ochos para llegar, me dijeron que recogiese el tren de aterrizaje. Bueno pues, subí todo lo que pude las piernas, me agarré de las rodillas con las manos y tiré con todas mis fuerzas para arriba, pero como me clavaba el arnés en el tendón de la ingle el resultado ya sabéis cual es.... Afortunadamente no quedó en mas que una anécdota mas para que os cachondeéis a mi costa por siempre jamás.

En conclusión, es una experiencia diferente, muy impresionante que quizás todo volador debería probar alguna vez, pero no es volar, es caer por mas cabriolas y vueltas que dén. Me quedo con nuestros queridos trapos voladores...

miércoles, 26 de mayo de 2010

Nos la han cambiado y no nos hemos enterado


Después del vuelo del viernes, había que cambiar el escenario para no repetirse, y además hacerlo antes de que cambiaran las condiciones. La inspiración me vino por Antonio Martín (AMR para los amigos) que estuvo preguntando en el foro para volar por los pantanos.

Le dí un toque a Pibe por la mañana, y se vino a mediodía para discutir los detalles. A las 17 cargamos los motores y nos fuimos a buscar algún despegue decente en las playas de las inmediaciones de Sacedón.
Después del invierno que llevamos, el nivel del agua ha subido bastante, y nos costó buscar algo lo suficientemente amplio para no terminar despegando en el lago o encima de la gente que estaba tomando el sol y bañandose. Aún así no pudimos evitar ser "asaltados" por una pandilla de adolescentes con ganas de juerga, de "preguntar" y de fardar delante de las pibas que iban con ellos.
En fin, en cuanto estuvimos preparados nos fuimos al aire.


Nos adentramos un poco más por entrepeñas hasta la urbanización "Las Anclas" y allí nos dimos la vuelta con dirección a Buendía. Hasta entonces todavía estaba un poco inestable y se movía, pero según nos íbamos acercando a Buendía la cosa comenzó a cambiar.

Menuda diferencia. Las condiciones de vuelo realmente ideales, en este pantano casi no había nadie, además el agua ha subido últimamente y se ha ido comiendo los cultivos de las orillas. Cuando vuelas por allí parece que estás en otro país.

Como pasó en el vuelo del día anterior, llegó el momento de dejarse llevar, bajar, subir, ir, venir, explorar...
Me dediqué a seguir a Pibe allá por donde fuera, ya que el es el que llevaba menos autonomía. La pobre cámara no tuvo un descanso, hice unas 600 y pico fotos en total. Es la ventaja de tener un parapente delante que te hace contraste con el paisaje.


Llegando a Buendía nos habíamos quedado sin radio, pero cuando hay buena voluntad la comunicación por señas es suficiente. Cuando llevábamos un buen rato volando hicimos un amago de volver, pero el GPS nos indicó que tardaríamos menos de lo que esperábamos, así que nos volvimos a dar la vuelta para seguir explorando otro ratito más.

Ya un poco al límite decidimos irnos definitivamente, no sin antes dar una última pasada por los sitios que habíamos estado visitando. Pero ya era bastante tarde, y según se ponía el sol salían los mosquitos, una plaga que cuando te atacan parado son molestos, pero cuando te atacan en vuelo parece que te están ametrallando (y menos mal que llevábamos gafas). Lo bueno es que ese problema se acaba en cuanto subes un par de metros.


Llegamos al aterrizaje ya puesto el sol y apenas sin brisa para ayudarnos a aterrizar. Pero más contentos que unas castañuelas.

Os vuelvo a pasar un enlace con las fotos más bonitas. Espero que las disfrutéis.


martes, 25 de mayo de 2010

Guadalajara Verde


Esta primavera está siendo especialmente buena. No sólo nos ha hecho respirar después de un invierno malo como pocos, sino que además está exhuberante. Y para colmo nos ha regalado un fin de semana de lujo para salir a volar con el motor.

Así es que para no desaprovechar la ocasión hice mis deberes prontito el viernes, y por la tarde salí pitando en cuanto pude, con la intención de cargar el motor hasta las trancas de combustible y volar a saco.


Como siempre que salgo a volar sólo, me fuí a la Muela. Allí siempre hay alguien conocido a quien contarle el plan de vuelo por si acaso (crucemos los dedos y sigamos entrenando....).

A las 17:30 ya estaba allí. Preparé con mucha calma y concentración el combustible para dos horas y media de vuelo, reviséión el motor, coloqué la electrónica.... todo listo para las 18:15.

Las condiciones parecían ideales: poco viento (entraba alguna rachita muy suave) y el cielo estaba despejado, pero pensaba que aún era pronto y que encontraría térmicas por el camino, así que decidí esperar a las 19:00 mientras me echaba una siestecita en el coche.

Todo seguía igual después de la siesta, y en 15 minutos estaba en el aire. Nada más salir me dí cuenta de mi error. No había nada de térmica. Como todo está verde no se acumulaba calor a nivel del suelo y con la estabilidad que había no se movía nada de nada. Maldije los 40 minutos de siesta que podía haber estado volando, y tiré para adelante.

La hora y media siguiente no se puede describir con palabras. Es como haber estado volando en otro país, en un sitio desconocido y extraño. Me coloqué la cámara de vídeo en el pié y la de fotos en el regazo y me dejé llevar, unas veces más alto, otras a ras de suelo, entre los árboles, dentro de los barrancos... cualquier sitio era nuevo y diferente, disfrutando de este privilegio que ojalá podamos conservar muchos años.

Cuando me quise dar cuenta, estaba todavía lejos del aterrizaje, casi ni se veía la gasolina que quedaba en el tanque (calculé litro y medio), y el sol estaba muy bajo. Así es que muy a mi pesar, solté trimmers y frenos y me volví en linea recta.

Algún día editaré el vídeo, pero mientras tanto podéis disfrutar lo mejor de las fotos que saqué.


martes, 18 de mayo de 2010

Impresiones de la novata, domigo 16 de mayo

Tras casi cinco meses sin volar, este domingo volví a sentir el viento en la cara. Regresaron esas sensaciones casi olvidadas: la expectación del viaje observando cada nube, cada brizna de hierba moverse; los nervios agarrados al estómago que tan desagradable hacen los momentos previos y que me recuerdan que estoy actuando contra mis instintos naturales, el intento de aplacarlos al preparar y revisar el equipo tranquilamente, recordar a Iceman que no me agobie,… Allí estabamos, Iceman, Yela, Josele y yo, observando lo triste que andaba la manga mientras se cambiaban cordinos y ponían quitavueltas a los frenos. Las condiciones no daban para nada más que los clásicos “pa’ bajo” pero para mi, eso es mas que de sobra.

Me esperaba tener más dudas, andar muy torpe tras tantos meses en dique seco, y pasar el rato sudando haciendo campa, pero tras un par de tirones fallidos, que todo a la primera no va a salir, me ví con la vela encima de la cabeza, sintiéndola, controlándola como mejor sé, y con el borde de La Muela llamándome a gritos todo enterito para mí. Sin pensarlo más, fui hacia él con ganas. La tierra volvió a alejarse de mis pies, el sonido de los cordinos cortando el viento volvió a mis oídos y me sentí libre y feliz como pocas veces. La vista de las cárcavas y el río a mis pies, los ruidos lejos, muy lejos de la paz que reina arriba. Tan emocionada iba que no calculé bien el aterrizaje y me tragué el suelo, llevándome un recuerdo en forma de contusión en la cadera izquierda sin gran importancia. Cuando me puse de pié, temblaba de arriba abajo de la descarga de emociones,… y a repetir.

Las condiciones al volver arriba estaban todavía peor. El viento meteo era norte pero no entraba, el sur no tiraba y la restitución no levantaba. Tras dudar un rato, salí para hacer otro “pa’ bajo” esta vez con un despegue menos limpio y seguida en pocos segundos por Yela, que al menos apretaría los cordinos nuevos con el vuelo. Con las condiciones así, había que asegurar el aterrizaje, así que tras el despegue encaré esa dirección para notar que me empezaba a derivar. Andaba cavilando que sucedía, cuando me enganchó una ascendencia que me hizo soltar algún que otro improperio, menos mal que los del despegue no me oyeron. Eso se empezó a menear y en poco tiempo había recobrado la altura de La Muela. En ese momento si noté la falta de práctica, pensé en girar pero decidí que me iría mejor si mantenía la presión en la vela y aseguraba el aterrizaje… no fuese que me encontrase una descendencia. Más atrás de mi posición ví a Yela intentando agarrarse a la ascendencia, pero como bien dijo una vez Iceman… Dios da pan a quien no tiene dientes, y era yo la que había enganchado lamejor parte del aire caliente que levantaba el viento norte al meterse a nivel del suelo. Así pues en los giros de la aproximación sentía como si me escurriese de lado, como cuando vas esquiando y al girar pisas una placa de hielo, te vas ladera para abajo y el giro se alarga mas de la cuenta. Al final, aterrizamos suavemente los dos casi a la par encarados al norte.


(foto de otro día, de este domingo no hay documento gráfico)

A pesar de que algunos no volaron, fue una tarde tranquila que me transmitió buenas sensaciones. Estas me están acompañando durante toda la semana, gracias en parte a que mis cardenales habituales de los brazos me lo recuerdan cada dos por tres, en parte a la cara de idiota que llevaba el lunes en la oficina y en parte a que no puedo dejar de pensar..¿cuándo el siguiente?